Como un perro perdido en la yerma estepa, así ando yo deambulando a través de mi conciencia, en constante agonía. Al igual que el perro fiel busca a su dueño, así busco yo la cordura. Puedes ver que voy restregando el cuerpo en la culpa sin encontrar consuelo, gastando el tiempo, creciendo y haciéndome viejo mientras que el objeto de mi obsesión sigue siendo esquivo. Querría conocer la mecánica de esta sociedad mezquina, de sicarios asalariados que no se miran en un espejo porque no son capaces de sostenerse la mirada. Quisiera saber el por qué de cuatro o cinco pares de preguntas. Y entender el sentido de tener unos valores, si después actuamos como si no existieran.
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