Delirando bajo la manta, abrazado por la fiebre y al calor de la amenaza, con el cuerpo aterido por la incertidumbre a pesar de saber que de catarro no se muere, me asomo una vez más a la ventana y me aseguro de que el mundo, con su incesante actividad, con sus locos ruidos indescifrables, con el terco devenir de almas sin cuerpo y de cuerpos sin alma, sigue ahí, al otro lado del cristal, esperando que me reponga y regrese a la tarea. Tranquilo mundo, espérame por un día más, regálame este domingo que me dedico, necesito reponerme de tanta actividad hueca y repensarme, recomponerme y reinventarme antes de salir ahí fuera con mi máscara de tragedia griega.
<script>
(function(i,s,o,g,r,a,m){i['GoogleAnalyticsObject']=r;i[r]=i[r]||function(){
(i[r].q=i[r].q||[]).push(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o),
m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m)
})(window,document,'script','//www.google-analytics.com/analytics.js','ga');
ga('create', 'UA-60965605-1', 'auto');
ga('send', 'pageview');
</script>